martes 19 de agosto de 2008

Declaración Final


La Iglesia de América se ha congregado en la ciudad de Quito en estos días, y ha experimentado un Pentecostés junto a María, la Madre de Jesús y Madre nuestra. La creciente conciencia misionera de nuestras Iglesias locales nos ha motivado a contemplar el futuro y la presencia de Dios, los dones y carismas en nuestros pueblos, a escuchar sus necesidades, esperanzas y su profunda experiencia de Fe.

En actitud de discípulos, hemos mirado los caminos del Maestro, su estilo de vida y entrega por los pobres para iluminar nuestra conversión personal y comunitaria. El discipulado implica revestirse de Cristo ser sus testigos. Estamos prestos a anunciar el Evangelio, “esperanza para toda persona sedienta de Dios” y juntos construir un mundo fraterno, justo y solidario; y ser colaboradores del Espíritu en la construcción del Reino.
La experiencia de Pentecostés nos urge a dialogar con todos los pueblos con actitud profética, estar abiertos a los cambios, reconocer “las semillas del Verbo” y compartir las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos. Por eso, una comunidad discípula debe ser acogedora, integradora y solidaria.

La Iglesia, comunidad llevada por el Espíritu Santo, nos impulsa a configurarnos con Cristo, para formar el hombre nuevo, a vivir en comunión fraterna, a ser solidarios con el prójimo y a evangelizar sin exclusión.

La Iglesia, “lugar de encuentro” con Jesucristo, convoca, envía a los testigos del Resucitado y forma nuevos discípulos en comunidades vivas, que testimonian el Reino de Dios. La misión aviva la esperanza de que otro mundo es posible, aún en situaciones difíciles. Se necesitan profetas y peregrinos que denuncien las situaciones de pecado y las estructuras injustas, y anuncien los valores de la vida plena realizada en Cristo.
A la luz de estas reflexiones, los misioneros de América, declaramos:

1. MISIÓN AD GENTES: La Misión “Ad Gentes” es “Misión para la Humanidad”, si cumple simultáneamente ser “Servicio a la Iglesia” y “Luz de las Naciones”. ¡La misión es servicio al futuro de la Humanidad! Por eso como laicos, religiosos, sacerdotes y obispos de América, asumimos con entusiasmo y corresponsabilidad eclesial la Misión Ad Gentes que implica una conversión personal y el cambio de estructuras pastorales para que el Evangelio llegue a todos los hombres y mujeres sedientos de Dios.

2. MISIÓN, FAMILIA Y DEFENSA DE LA VIDA: Urge una opción fuerte por la formación y acompañamiento de las familias cristianas para que sean evangelizadoras y misioneras con su vida, fidelidad y comunión. Nos comprometemos a revitalizar la Pastoral Familiar y apoyar experiencias de familias misioneras Ad Gentes.

3. MISIÓN Y GLOBALIZACIÓN:

4. MISIÓN, EXCLUSIÓN Y MIGRACIÓN: Asumimos que la migración y exclusión son un desafío de primera categoría, palpable en la situación de niños, mujeres, hombres y familias que viven atropellos en sus derechos. La Iglesia, con valentía, debe promover proféticamente la cultura de la dignidad humana.

5. MISIÓN Y LAICADO: Impulsados por el Espíritu Santo, los laicos y laicas de todos los pueblos, etnias y culturas del continente americano, en comunión con los Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos, asumimos el compromiso de una formación integral: espiritual, pastoral y misionera, que nos haga corresponsables de la Gran Misión Continental y Ad Gentes.

6. MISIÓN Y JUVENTUD: Los jóvenes, como presente y futuro de la Iglesia, asumimos el Proyecto Misionero Americano con las siguientes dimensiones: Espiritualidad, para poder ver donde caminamos; Responsabilidad, para asumir consecuencias y no interrumpir el camino; y Mística que integre formación, proyecto personal y compromiso.

7. MISIÓN, ACTIVIDAD Y DIGNIDAD HUMANA: Asumimos como Iglesia el desafío de experimentar y suscitar cambios concretos y estructurales que promuevan verdaderamente la dignidad humana, desde la formación misionera integral y permanente, las nuevas organizaciones parroquiales en red y la apertura a nuevos espacios misioneros.

8. MISIÓN, CULTURAS Y PUEBLOS: Como Iglesia valoramos y respetamos a los pueblos indígenas y afro descendientes del continente, asumimos la urgencia de reconocer sus espacios, expresiones y tradiciones para que tengan su lugar en la sociedad y en la Iglesia. Nuestro espíritu misionero se fortalece en escuchar, aprender y anunciar explícitamente a Cristo en las diversas culturas.

9. MISIÓN Y ECOLOGIA: Anunciamos la Buena Nueva para restaurar el orden en la naturaleza, en comunión con lo que el mundo espera: renovar en todos los pueblos, culturas y corazones el rostro de la Humanidad mediante la conversión y la salvación; y desarrollar una conciencia creciente en su lucha por la conservación del medio ambiente.

10. MISIÓN Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL: Con la fuerza del Espíritu Santo y a la luz del mandato de Jesús “Vayan y anuncien el Evangelio”, queremos responder a las nuevas situaciones históricas, sociales y eclesiales, comunicando el amor de Dios y la Buena Nueva del Reino con una comunicación testimonial, coordinada e integrada en la pastoral ordinaria, para construir la unidad y la comunión.

11. MISIÓN, ECUMENISMO Y DIÁLOGO INTERRELIGIOSO: Contemplamos “las semillas del Verbo” en cada pueblo, cultura, religión y creencia: por ello asumimos un diálogo, encuentro y cooperación ecuménica e interreligiosa desde nuestra propia identidad de Discípulos Misioneros de Jesucristo.

12. MISIÓN, EDUCACIÓN Y MUNDO INTELECTUAL: Somos Iglesia educadora y nos comprometemos a crear, con los actores del ámbito educativo, espacios de formación y diálogo profético para ser testigos de la Buena Nueva del Reino en el mundo contemporáneo.

13. ESPIRITUALIDAD MISIONERA:
Queremos vivir una espiritualidad de Discípulos Misioneros, una espiritualidad de las bienaventuranzas encarnada en la vida: contemplativos, alegres, comunicadores de la experiencia de Dios, pobres, sencillos, itinerantes, capaces de buscar y escuchar a todos, con confianza en el Espíritu.

14. MISIÓN Y FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO: Interpelados por el Señor de la Historia, que nos llama a la unidad en el Amor, rechazamos toda actitud fundamentalista dentro y fuera de la Iglesia Católica, y nos abrimos al pluralismo y al diálogo que aúna a las personas y a los pueblos en la construcción de la armonía y la paz.

15. MISIÓN Y PRESENCIA DE LA MUJER:
Siguiendo los pasos de Jesucristo, reconocemos y valoramos la presencia y participación activa de la mujer en todos los ámbitos sociales y eclesiales, y propugnamos nuevas relaciones no jerarquizadas entre mujeres y varones como riqueza para la Humanidad y para la Iglesia.

16. MISIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGIA: Queremos orientar la incidencia de la ciencia y la tecnología en el desarrollo de la humanidad, a partir de los valores propios del Evangelio, para que esté al servicio de la Evangelización y de la cultura de la vida. La ciencia y la tecnología estén al alcance de todos, posibilitando reales soluciones a la exclusión, la desigualdad, la injusticia, el hambre y la muerte.

17. MISIÓN Y VIDA RELIGIOSA: Los religiosos y religiosas, estamos llamados a ser Discípulos Misioneros con sólida espiritualidad trinitaria de la acción entre los más pobres y diferentes; con un corazón indiviso y solidario que ama a todos; encarnados en cada cultura de manera desprendida y despretendida; proponiendo vivencial y proféticamente los valores alternativos del Reino; y abiertos a la Misión y al envío Ad Gentes.

Misioneros de América. Hoy, al concluir el CAM3 comla8, Jesús nos envía a ser testigos de todo lo que hemos escuchado, aprendido y anunciado hasta los últimos confines de la tierra. “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos… yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).
¡América con Cristo: escucha, aprende y anuncia!

Reconocemos que el fenómeno de la globalización acarrea consecuencias positivas y negativas para la humanidad. Favorece la expresión plena de la Iglesia, que no pertenece a ninguna cultura y es de todas. Asumimos una nueva manera de ser Iglesia que alimenta su vida desde la escucha de la Palabra y de la realidad, para ser signo del Reino desde cada cultura y cada pueblo.


San Francisco de Quito, 17 de Agosto de 2008

Inicio Oficial de la Misión Continental

Palabras del Presidente del CELAM en la Eucaristía de Clausura del CAM3-comla8:


Saludo fraternalmente al Eminentísimo Sr. Cardenal NICOLÁS DE JESÚS LÓPEZ RODRÍGUEZ, Arzobispo de Santo Domingo y Primado de América, enviado especial del Santo Padre Benedicto XVI al Congreso Americano Misionero – CAM 3 - COMLA 8. Le rogamos Eminencia le haga llegar a Su Santidad el saludo y la cercanía afectiva de todos los que estamos participando en este Congreso.

Saludo igualmente al Eminentísimo Sr. Cardenal ANTONIO JOSÉ GONZÁLEZ ZUMÁRRAGA, Presidente de la Comisión Central de éste Congreso, al Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico en el Ecuador Giacomo Guido Ottonello, al Excelentísimo Mons. Roberto Zara, Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, al Excelentísimo Mons. Antonio Arregui, Arzobispo de Guayaquil y Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, y al Excelentísimo Monseñor Raúl Eduardo Vela Chiriboga, Arzobispo de Quito.

Saludo cordialmente a los Señores Cardenales, Arzobispos, Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos presentes en este Congreso y a todos los que en el Continente Americano y en particular en América Latina y El Caribe están unidos a nosotros a través de los Medios de Comunicación en este Día del Señor, día en el cual iniciamos oficialmente la Misión Continental propuesta por la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida.

El Santo Padre Benedicto XVI y la V Conferencia General de Aparecida nos invitan a una Misión Evangelizadora que comprometa a todas las fuerzas vivas del Pueblo de Dios en América Latina y el Caribe: Obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados/as, laicos/as. Esta misión abraza en el amor de Dios a todos, especialmente a los pobres y a los que sufren, socorriéndolos en sus necesidades más urgentes como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia, la solidaridad y la paz (D.A. 550).

La Misión Continental quiere promover la conciencia y la acción misionera permanente para que el espíritu misionero penetre toda nuestra vida y las estructuras de la Iglesia. Dóciles al Espíritu Santo, el auténtico protagonista de la misión, queremos hoy renovar nuestro compromiso de seguir a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida y de permanecer unidos a Él como discípulos suyos y obedientes a su mandato: ir al encuentro de los alejados, de los olvidados y abandonados, a los constructores de la sociedad para anunciar la Buena Nueva de la salvación a todos, para que en Jesucristo tengan vida y vida en abundancia. (Jn. 10, 10)

Inspirados en el Testimonio de San Pablo, incansable evangelizador y audaz misionero, y en el de tantas y tantos evangelizadores y misioneros que en nuestro Continente han sido ejemplo y testimonio de entrega total a la causa del Evangelio y al servicio de los mas pobres, iniciemos nuestra Misión Continental permanente bajo la protección de la Santísima Virgen María, invocada con los títulos de Santa María de Guadalupe y de Nuestra Señora Aparecida.

Queremos animar la Misión Continental en nuestros países, desde las Conferencias Episcopales, desde el CELAM y la Pontificia Camisón para América Latina - CAL y realizarla en nuestras Diócesis, parroquias y comunidades, porque estamos convencidos de que conocer a Jesucristo es el mejor regalo que uno puede recibir; haberlo encontrado en la fe y seguirlo es lo mejor que a una persona le puede suceder y, anunciarlo con nuestra palabra y obras es nuestra mayor alegría.

Entregamos a los presidentes de las Conferencias Episcopales de América la Sagrada Escritura y el Retablo, que representa la Ascención del Señor, regalo del Santo Padre Benedicto XVI, ambos son signos expresivos de la Misión Continental. Llévenlos a sus países, propóngalos a cada una de las Iglesias particulares para que inicien con fervor y entusiasmo de discípulos la Misión Continental fundada en la roca de la Palabra de Dios y den así cumplimiento al mandato del Señor, antes de subir al cielo,: “vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que Yo les he mandado y Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 19-20)


Dom. Raymundo Damasceno Assis ARZOBISPO DE APARECIDA PRESIDENTE DEL CELAM

jueves 14 de agosto de 2008

Actividades del CAM3 comla8 de este Jueves



El Director de OMP-Guatemala, P. Ricardo Bran, en la Sala de Prensa.





Otras escena de trabajo, preparando el material del programa "El CAM día a día" que se transmite desde Quito, de 14:30 a 15:30, con el fin de ir tomándole el pulso y el ritmo a la riqueza de sus contenidos.



Un grupo de jóvenes representó la vida de la beata ecuatoriana María de Jesús Mercedes, la primera misionera que llevó la semilla del evangelio a la Amazonia Ecuatoriana. Actualmente existe un instituto de hermanas Marianita, diseminadas en todo el mundo. La representación escénica fue excelente y muy aplaudida.











Varias escenas de la segunda jornada del CAM3comla8, del jueves 14. Obispos y congresistas se entregan de lleno en los días misioneros. Veremos también escena de los misioneros trasladándose del Ágora de la Casa de la Cultura (lugar de las ponencias) hacia la PUCE -Pontificia Universidad Católica de Ecuador- donde recibirán su almuerzo y participarán en los 16 foros programados."













Guatemaltecos (entre ellos nuestro Director General) gritando !Guatemala en Misión!


















Mons. rodolfo Mendoza, obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago, escuchando una de las ponencias.







Programa en Vivo desde Ecuador con la Presencia del Lic, Byron Valdizón y el P. Victor Ruano

El P. Víctor Ruano, Párroco de Jutiapa, Guatemala, junto a Byron Valdizón, de Radio Estrella, mientras realizaban el programa "Día a Día con el CAM3" desde la Sala de Prensa, en la Pontificia Universidad Católica de Ecuador.








Actividades del CAM3 comla8 de este Miércoles






El P. Ricardo Bran, Director de las OMP-Guatemala, dando declaraciones para Radio Estrella y Radio Nova de Guatemala.



El Sr. Arturo de León y la Sra. Eugenia de Góngora, miembros de la Delegación de Guatemala que asistió al Congreso. Además, participantes en el empoñoso trabajo del último CAM celebrado en Guatemala en el 2003.







Más de 3000 congresistas se hacen parte del Primer día de Trabajo, en Quito-Ecuador.



Mons. Oscar Rodríguez Maradiaga, Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, en la Ponencia de este miércoles 13, en el Ágora de la Casa de la Cultura de Quito, Ecuador.



Mons. Rodolfo Mendoza, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago de Guatemala y Presidente de la Comisión de Misiones, participando en la primera Ponencia del CAM3comla8





Varias pancartas adornaban El Ágora de la Casa de la Cultura de Quito, donde se desarrolla el congreso Misionero.







S.E. Card. Oscar Enrique Maradiaga, con la prensa.



Varios momentos de la primera Conferencia de Prensa ofrecida el miércoles 13, al final de la primera Ponencia.






Mons. Mendoza, Presidente de la Comisión de Misiones de la CEG, dando declaraciones.



Parte de la Delegación de Guatemala que participa en el CAM3comla8. En total asistieron 50 personas Congresistas.



El Hno. Edgar Palacios con el Car. Zumárraga, Presidente Honorífico de la conferencia Episcopal de Ecuador y Presidente del CAM3comla8.



miércoles 13 de agosto de 2008

Lo que se Vive en la Sala de Prensa del CAM3 comla8

A continuación, varias gráficas de diversos momentos que nuestros Enviados Especiales han vivido en el CAM3comla8, de Ecuador.



P. David, Director de la Oficina de Prensa del CELAM y Asesor de la Sala de Prensa del CAM3, nos acompaña el Padre William Rodríguez, de Radio Sinaí de Costa Rica.











Arturo de León, Edgar Palacios y el P. Gabriel Estrada.



P. Timoteo, Directos de OMP-Ecuador y el Lic. Byron Valdizón de Radio Estrella 89.3 FM



Arturo de León, Edgar Palacios y P. Timoteo, Directos de OMP-Ecuador



En el segundo día del CAM3 (13 agosto) la Oficina de Prensa ofreció un desayuno-reunión a los periodistas nacionales e internacionales que acudieron a cubrir tan importante evento continental.

III Congreso Americano Misionero y del VIII Congreso Misionero Latinoamericano Nuevo Pentecostés

Pbro. Glenm Gómez

Desde Quito- Ecuador

Desde el martes 12 de agosto, y hasta el domingo 17, se celebró en Quito (Ecuador), el III Congreso Americano Misionero (CAM3), y el VIII Congreso Misionero Latinoamericano. La presencia de más de 3.000 misioneros y misioneras del mundo entero, convirtieron a la capital ecuatoriana en un centro de Misión universal.

Estos encuentros, además de marcar el camino de la Evangelización de la Iglesia en América, representan una ocasión para renovar la conciencia de la Misión como exigencia del Evangelio. El objetivo general del Congreso fue favorecer un “Nuevo Pentecostés” en el Continente para que, asumiendo el discipulado, todos los católicos entren en “estado de misión permanente” e impriman un nuevo empuje a la Evangelización de nuestros países.

Renovar compromisos


El Congreso inició el martes 12 de agosto con una Eucaristía en el Coliseo General Rumiñahui de Quito. Desde la apertura, la celebración estuvo marcada por el júbilo de los presentes quienes recibieron las Reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús “Patrona Mundial de las misiones y Doctora de la Iglesia”, además de recordar a los santos y santas, orgullo de la Iglesia Latinoamericana.

La Eucaristía fue presidida por el Cardenal Nicolás López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo y enviado especial del Papa Benedicto XVI.

También, se dio a conocer el mensaje que el Santo Padre envió para esta ocasión y en el que se destaca la continuidad de este Congreso con la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, así como en el programa evangelizador que de allí emanó, dando de este modo un paso más en el impulso del ardor misionero en América: “En esta jornadas bajo el lema “América con Cristo: escucha, aprende y anuncia”, el Señor ocupará el centro de sus plegarias y de sus sesiones de estudio, reflexión y diálogo. Él, como el verdadero Maestro, los iluminará para que, dando cabida en sus corazones a su mensaje de amor y redención, vayan y den frutos de santidad copiosos y duraderos (cf. Jn 15,16).”

Inicia la Misión Continental

Como subraya el Papa en su mensaje, el Congreso será también el marco en el que se dará un solemne inicio a la“Misión continental”:… “En la que, armonizando esfuerzos pastorales e iniciativas evangelizadoras, las distintas Iglesias particulares en América Latina y el Caribe van a intensificar su quehacer, para que el Señor sea cada día más conocido, amado, seguido y alabado en esas benditas tierras…Merece la pena consagrar a esta hermosa labor nuestras mejores energías, sabiendo que la gracia divina nos precede, sostiene y acompaña en su realización.”

Según el Papa: “El servicio más importante que podemos brindar a nuestros hermanos es el anuncio claro y humilde de Jesucristo, que vino a este mundo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10)…Ante las dificultades de un ambiente a veces hostil, de la escasez de resultados inmediatos y espectaculares o frente a la insuficiencia de medios humanos, los invito a no dejarse vencer por el miedo, abatir por el desánimo o arrastrar por la inercia. Recuerden las palabras de Jesús, el Buen Pastor: “Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Profundizar en la Misión

Durante el Congreso se realizaron foros misioneros con temas como: “Familia y defensa de la vida”, “Misión y Juventud”, “Misión, educación y mundo intelectual” entre otros.

Módulo

El Congreso en Cifras

44 meses de preparación

3110 participantes

94 invitados especiales entre los que se encuentran: Presidentes de Conferencias Episcopales, ponentes, comentaristas, y delegaciones de África, Oceanía y Asia.
















Material Fotografico desde Quito, Ecuador

Les presentamos nuestro material fotografico desde, quito ecuador gracias a nuestros enviados especiales.

Haz clickm AQUÍ

martes 12 de agosto de 2008

Al Señor Cardenal Antonio José González Zumárraga, Arzobispo emérito de Quito, Presidente de la Comisión Central del III Congreso Americano Misionero

El III Congreso Americano Misionero, que se celebra en Quito, es una oportunidad incomparable que el Espíritu Santo brinda para profundizar en la experiencia importante que supuso la celebración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, así como en el programa evangelizador que de allí emanó, dando de este modo un paso más en el impulso del ardor misionero en América.

En esta jornadas bajo el lema “América con Cristo: escucha, aprende y anuncia”, el Señor ocupará el centro de sus plegarias y de sus sesiones de estudio, reflexión y diálogo. Él, como el verdadero Maestro, los iluminará para que, dando cabida en sus corazones a su mensaje de amor y redención, vayan y den frutos de santidad copiosos y duraderos (cf. Jn 15,16).

Deseo saludar con entrañable afecto y estima a Vuestra Eminencia, así como al Arzobispo de Quito, Mons. Raúl Eduardo Vela Chiriboga, a los que han preparado con esmero este encuentro continental y a los Señores Cardenales, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que participan en él. “A ustedes que, consagrados por Cristo Jesús, han sido llamados a ser pueblo de Dios en unión con todos los que invocan en cualquier lugar el nombre de Jesucristo, que es Señor de ellos y de nosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo, el Señor” (1Co 1,2-3).

Mi Enviado Especial, el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo, les hará presente en estos intensos días mi cercanía espiritual y mi gozo al saberles unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar con miras a que las comunidades eclesiales de América se renueven mediante la conversión al Señor Jesús, que tuvo siempre como alimento hacer la voluntad de Dios, su Padre (cf. Jn 4,32-34; Hb 10,5-10).

A ese Congreso, como a un cenáculo continental, llega la fuerza potente del Espíritu Santo, que con sus dones y carismas continúa impulsando a la Iglesia a pregonar la Buena Noticia de la salvación a cada persona, en particular a las que desconocen a Cristo o, tal vez, lo han olvidado, llegando hasta los extremos confines de la tierra.

El Congreso será también el marco en el que se dará un solemne inicio a una “Misión continental”, en la que, armonizando esfuerzos pastorales e iniciativas evangelizadoras, las distintas Iglesias particulares en América Latina y el Caribe van a intensificar su quehacer, para que el Señor sea cada día más conocido, amado, seguido y alabado en esas benditas tierras. Él ha vencido el pecado y la muerte, nos otorga cotidianamente su perdón, nos enseña a perdonar y nos llama a vivir una vida alejada del egoísmo que nos esclaviza y colmada del amor que nos engrandece y dignifica.

La hora presente es una ocasión providencial para que, con sencillez, limpieza de corazón y fidelidad, volvamos a escuchar cómo Cristo nos recuerda que no somos siervos, sino sus amigos. Él nos instruye para que permanezcamos en su amor sin amoldarnos a los dictados de este mundo. No seamos sordos a su Palabra. Aprendamos de Él. Imitemos su estilo de vida. Seamos sembradores de su Palabra (cf Mc 3,15; Jn 8, 33-36; 15,1-8; 17,14-17). De este modo, con toda nuestra vida, con el gozo de sabernos amados por Jesús, a quien podemos llamar hermano, seremos instrumentos válidos para que Él siga atrayendo a todos con la misericordia que brota de su Cruz.

Queridos hermanos y hermanas, con mansedumbre y fortaleza, con la caridad que el Espíritu Santo ha derramado en nuestro interior, les animo a compartir con otros este tesoro, pues no hay riqueza mayor que gozar de la amistad de Cristo y caminar a su lado. Merece la pena consagrar a esta hermosa labor nuestras mejores energías, sabiendo que la gracia divina nos precede, sostiene y acompaña en su realización.

Encuentren, pues, en la oración perseverante, en la meditación ferviente de la Palabra de Dios, en la obediencia al Magisterio de la Iglesia, en la digna celebración de los Sacramentos y en el testimonio de la caridad fraterna la fuerza necesaria para identificarse con los sentimientos de Cristo y así ser discípulos suyos con coherencia y generosidad, proclamando con el propios ejemplo que Cristo es el Hijo de Dios, el Redentor del hombre y la roca firme donde cimentar nuestra existencia.

Beban el agua vivificante que mana del costado del Salvador y sacien de su frescura cristalina a todos los que están sedientos de justicia, paz y verdad; a los que están sumidos en la cerrazón del pecado o en la oscuridad de la violencia. Sientan el consuelo de Cristo y ofrezcan el bálsamo de su amor a los atribulados, a los que andan apesadumbrados por el dolor o han quedado heridos por la frialdad del indiferentismo o el flagelo de la corrupción. Estos retos exigen superar el individualismo y el aislamiento y reclaman robustecer el sentido de pertenencia eclesial y la colaboración leal con los Pastores, con el fin de formar comunidades cristianas orantes, concordes, fraternas y misioneras.

El servicio más importante que podemos brindar a nuestros hermanos es el anuncio claro y humilde de Jesucristo, que vino a este mundo para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (cf. Jn 10,10). De nosotros, por tanto, que sin mérito alguno de nuestra parte somos discípulos suyos, se espera “un testimonio muy creíble de santidad y compromiso. Deseando y procurando esta santidad no vivimos menos, sino mejor, porque cuando Dios pide más es porque está ofreciendo mucho más” (Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, n. 352).

Ante las dificultades de un ambiente a veces hostil, de la escasez de resultados de un ambiente a veces hostil, de la escasez de resultados inmediatos y espectaculares o frente a la insuficiencia de medios humanos, los invito a no dejarse vencer por el miedo, abatir por el desánimo o arrastrar por la inercia. Recuerden las palabras de Jesús, el Buen Pastor: “Ustedes encontrarán la persecución en el mundo. Pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

En esta circunstancia, he querido ofrecer a cada uno de los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Latinoamérica y el Caribe un tríptico en el que aparece Cristo glorioso que, con sus brazos abiertos, acoge a todos. Él nos precede en el camino de la vida y nos ayudará a aspirar a la santidad, de modo que se despierte en cada bautizado el misionero que lleva dentro de sí y se venza la vacilación o la mediocridad que a menudo nos asalta.

En la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe, podremos siempre encontrar el modelo de perfecta entrega a su divino Hijo. Como hizo en Caná de Galilea, Ella nos sigue exhortando a hacer lo que Jesús nos diga (cf. Jn 2,5). A su lado, y confiando en que su tierno amor no nos abandona, queremos asistir cada día a la escuela de Jesús, donde volvemos a escuchar de sus labios: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). A Ella suplico su maternal protección, a la vez que imparto a los participante en ese Congreso la implorada Bendición Apostólica, que complacido extiendo a todos los hijos e hijas de América.

Vaticano, 12 de agosto 2008

Benedictus PP XVI

Fotografías previas a iniciar el CAM3 comla 8





Coordinadores de los Talleres de trabajo, entran a la Universidad Católica de Ecuador, para empezar el trabajo de los 16 foros.







La Licda Diana Enríquez Directora de la Oficina de Prensa del CAM3, junto al P. David, de la Oficina de Prensa del CELAM, dando instrucciones al grupo de reporteros que apoyaran en la sala de prensa.

En el Coliseo General, preparan los adornos para la Misa de Inauguración.



Amanecer Misionero en Quito

Este 12 de agosto Quito tiene un amanecer misionero muy especial, puesto que en casi 3.000 hogares quiteños han pasado la noche los más de 3.000 misioneros que han llegado d e,os cinco continentes para compartir sus experiencias, sus metodologías de trabajo, sus sueños y esperanzas con las familias que los acogen, con los familiares y amigos de lesa familias, con los misioneros que se encontrarán durante los días del CAm3 coma8, con los feligreses de las 91 parroquias que les reciben, con todo el pueblo de Quito que lo verá por sus calles desplazarse a los diferentes lugares en que se desarrollará el Congreso.

lunes 11 de agosto de 2008

Nuestros enviados ya están en Quito Ecuador

Gracias a varios esfuerzos nuestros enviados, ya se encuentran en Quito, Ecuador para hacer llegar todo lo que se realizará en el CAM3 comla 8.



Al arribar al aeropuerto Mariscal Sucre, de Quito, Ecuador, nuestro Director General, fue entrevistado por las Comisión de MCS de las OMP de Ecuador, para recibir sus impresiones.


Una integrante de la Comisión de Acogida, debidamente identificada, espera a los Congresistas asistentes.



En el primer día de trabajo, redactábamos los primeros reportes como Enviados Especiales al CAM3comla8 para Radio Estrella.

viernes 8 de agosto de 2008

3. Lema. “América con Cristo: Escucha, aprende y anuncia.


http://www.cam3ecuador.org

“América con Cristo: Escucha, aprende y anuncia.

La Iglesia en América es la comunidad que se siente convocada por Jesús. De Él recibe el Espíritu y la paz. Oye su voz, ve sus manos, escucha sus palabras, comparte su pan y su amistad. De él aprende a amar e interpretar las Escrituras, cuyo corazón es el mismo Mesías que padeciendo entra en su gloria. Aprenden la sabiduría de los pobres y de los mártires, la sabiduría de Dios. Anuncia a Jesús, el viviente, como testigo de lo que ha visto, oído y experimentado, dejándose llevar por el Espíritu (Lc 24, 36-49).

Escucha, aprende y anuncia, son actitudes de espíritu evangélico grabadas por el Espíritu en el corazón de la comunidad de Jesús.

Escucha cuidadosa y amorosamente lo que oye, ve y siente de los hombres y mujeres concretos. Sobre todo su dolor, su amor y su silencio. En ellos está Dios, lo humano y la vida.

Escucha el grito de los oprimidos y de las víctimas con la misma empatía y pasión de Dios por los pobres (Si 35, 13-15) y por el pueblo de Israel (Ex 3, 7-10).

Escucha los deseos humanos y divinos que albergan las personas en su obrar y en la intimidad más suya. Escuchar con respeto y corazón, otorgando benevolencia y confianza, creyendo en la bondad de la persona por encima de su error.

Escucha como lo hacía Jesús con los niños y pobres, hombres y mujeres, israelitas o extranjeros, creyentes o no. Escuchar es andar los mismos caminos; soñar y padecer lo mismo, sentir el amor y la pasión, la impotencia y la indefensión.

Escucha en amor, que Dios es uno, el Señor, misericordioso, a quien amar con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas (Lc 10,27). Escucha que todos son hermanos. Lo hace como oyente de la Palabra y de los planes de Dios, como el Siervo de Yahvé (Is 50,4), como María la Sierva del Señor que desea se haga en ella su Palabra (Lc 1,38).

Aprende grabando y guardando en el corazón lo que ha visto y oído. Aprende con la memoria del pueblo y de la Humanidad, con la memoria de las maravillas de Dios realizadas en la creación y en la salvación.
Como Jesús aprende la inmediatez de la salvación de Dios en el deseo de una madre sirofenicia por la salud de su hija (Mc 7,24-30); en la intercesión de María a favor de unos novios para que su fiesta de bodas tenga alegría y vino; Jesús aprende a actuar más allá de lo previsto y adelanta “La Hora” de la salvación manifestando su gloria que suscita la fe de los discípulos (Jn 2,1-11).
Aprende cuando acepta no-comprender o andar en los provisorio mientras espera la claridad; cuando busca el porqué y el sentido del obrar humano y del obrar de Dios, de la misión encomendada siempre necesitada de novedad de expresión al ritmo de las configuraciones sociales y religiosas. Aprende cuando acoge el Misterio de Dios, de la vida, de las personas, incluso el misterio que es su propia persona.
Aprende en la paciencia y la espera del crecimiento y de la maduración, propio de la vida humana, de la iglesia y de la misión. Sabe permanecer día tras día, se deja sostener en la fidelidad; acompaña y sigue al Maestro. Aprende de todos: “El que no está contra nosotros, está por nosotros (Mc 9,40).
Se aprende de la misma misión y de vivir día a día en el barrio, en la comunidad, en el trabajo. Se aprende en actitud contemplativa y admirativa ante la vida, acogiendo las enseñanzas de Jesús como María de Betania (Lc 10,38-42), y los discípulos en casa o por los caminos (Mc 4,34; 9,31); como María guardando y meditando con amor las cosas experimentadas y oídas en torno a su Hijo (Lc 2,17-19; 2,51).

Anuncia fiel y verazmente lo que gratuitamente se le ha dado a vivir. Porque ha sido fecundada por el amor escuchado y aprendido. Anuncia vida, a modo de la semilla granada y entregada a la tierra. Emprende el anuncio del Evangelio, del mismo modo que la paloma emprende el vuelo cuando le han crecido las alas. Así es el anuncio del Evangelio al ritmo de la fe y de la Palabra, maduradas en el corazón y en la comunidad bajo el impulso del Espíritu. Así nació la misión de la Iglesia enviada a las Naciones (Hech 1-2). Así el Espíritu Santo decide e impulsa la misión, manifestándose a la comunidad orante y celebrante, “Separadme a Bernabé y Pablo para la obra a la que los tengo llamados” (Hech 13,2).
El anuncio viene de la experiencia transformadora, que siente necesidad de contar y comunicar, sin poder callar la felicidad de que rebosa. Así corre y proclama la mujer samaritana (Jn 4,28-30); Andrés cuenta a su hermano Pedro que ha encontrado al Mesías (Jn 1,42); María de Magdala a los discípulos: “He visto al Señor y me ha dicho esto” (Jn 20,18). No se puede contener, no se puede callar: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hech 4,20). Testigo apasionado por Jesús, lo ama, lo ha experimentado, ha cambiado su vida y desea que sea conocido y amado, “Ay de mi si no predico el Evangelio” (1Cor 9,16). Comparte en conversación amistosa y encuentro leal, en respeto a los demás y a las propias convicciones. Anuncia situándose en el campo del otro.

El anuncio une, a la experiencia de la Buena Noticia recibida, la sinceridad y el intento de coherencia en la propia vida siguiendo a Jesús y tomando el Evangelio como camino, orientación y vida. Anuncia desde la comunidad lugar de fraternidad, vida y fe. Es permanente siembra, en caminos, piedras, maleza y tierra fértil (Mc 4,3-8). La semilla de la palabra crece por sí sola (Mc 4,26-29). La cosecha no está en nuestras manos (Jn 4,37-38). Quien anuncia en verdad, sigue aprendiendo, sigue siendo discípulo; ir y venir. El Espíritu armoniza discipulado y misión.

María lleva Jesús a Isabel, lo entrega por donde va y vive. Hasta hoy sigue siendo misionera entre los pueblos. Madre y maestra de la misión nos educa en comunicar por amor y sencillez, a Jesús; a entregarlo con fecundidad y amor maternal (Lc 1,39-44).

La Iglesia en América es la comunidad que se siente convocada por Jesús. De Él recibe el Espíritu y la paz. Oye su voz, ve sus manos, escucha sus palabras, comparte su pan y su amistad. De él aprende a amar e interpretar las Escrituras, cuyo corazón es el mismo Mesías que padeciendo entra en su gloria. Aprenden la sabiduría de los pobres y de los mártires, la sabiduría de Dios. Anuncia a Jesús, el viviente, como testigo de lo que ha visto, oído y experimentado, dejándose llevar por el Espíritu (Lc 24, 36-49).

Escucha, aprende y anuncia, son actitudes de espíritu evangélico grabadas por el Espíritu en el corazón de la comunidad de Jesús.

Escucha cuidadosa y amorosamente lo que oye, ve y siente de los hombres y mujeres concretos. Sobre todo su dolor, su amor y su silencio. En ellos está Dios, lo humano y la vida.

Escucha el grito de los oprimidos y de las víctimas con la misma empatía y pasión de Dios por los pobres (Si 35, 13-15) y por el pueblo de Israel (Ex 3, 7-10).

Escucha los deseos humanos y divinos que albergan las personas en su obrar y en la intimidad más suya. Escuchar con respeto y corazón, otorgando benevolencia y confianza, creyendo en la bondad de la persona por encima de su error.

Escucha como lo hacía Jesús con los niños y pobres, hombres y mujeres, israelitas o extranjeros, creyentes o no. Escuchar es andar los mismos caminos; soñar y padecer lo mismo, sentir el amor y la pasión, la impotencia y la indefensión.

Escucha en amor, que Dios es uno, el Señor, misericordioso, a quien amar con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y todas las fuerzas (Lc 10,27). Escucha que todos son hermanos. Lo hace como oyente de la Palabra y de los planes de Dios, como el Siervo de Yahvé (Is 50,4), como María la Sierva del Señor que desea se haga en ella su Palabra (Lc 1,38).

Aprende grabando y guardando en el corazón lo que ha visto y oído. Aprende con la memoria del pueblo y de la Humanidad, con la memoria de las maravillas de Dios realizadas en la creación y en la salvación.
Como Jesús aprende la inmediatez de la salvación de Dios en el deseo de una madre sirofenicia por la salud de su hija (Mc 7,24-30); en la intercesión de María a favor de unos novios para que su fiesta de bodas tenga alegría y vino; Jesús aprende a actuar más allá de lo previsto y adelanta “La Hora” de la salvación manifestando su gloria que suscita la fe de los discípulos (Jn 2,1-11).
Aprende cuando acepta no-comprender o andar en los provisorio mientras espera la claridad; cuando busca el porqué y el sentido del obrar humano y del obrar de Dios, de la misión encomendada siempre necesitada de novedad de expresión al ritmo de las configuraciones sociales y religiosas. Aprende cuando acoge el Misterio de Dios, de la vida, de las personas, incluso el misterio que es su propia persona.
Aprende en la paciencia y la espera del crecimiento y de la maduración, propio de la vida humana, de la iglesia y de la misión. Sabe permanecer día tras día, se deja sostener en la fidelidad; acompaña y sigue al Maestro. Aprende de todos: “El que no está contra nosotros, está por nosotros (Mc 9,40).
Se aprende de la misma misión y de vivir día a día en el barrio, en la comunidad, en el trabajo. Se aprende en actitud contemplativa y admirativa ante la vida, acogiendo las enseñanzas de Jesús como María de Betania (Lc 10,38-42), y los discípulos en casa o por los caminos (Mc 4,34; 9,31); como María guardando y meditando con amor las cosas experimentadas y oídas en torno a su Hijo (Lc 2,17-19; 2,51).

Anuncia fiel y verazmente lo que gratuitamente se le ha dado a vivir. Porque ha sido fecundada por el amor escuchado y aprendido. Anuncia vida, a modo de la semilla granada y entregada a la tierra. Emprende el anuncio del Evangelio, del mismo modo que la paloma emprende el vuelo cuando le han crecido las alas. Así es el anuncio del Evangelio al ritmo de la fe y de la Palabra, maduradas en el corazón y en la comunidad bajo el impulso del Espíritu. Así nació la misión de la Iglesia enviada a las Naciones (Hech 1-2). Así el Espíritu Santo decide e impulsa la misión, manifestándose a la comunidad orante y celebrante, “Separadme a Bernabé y Pablo para la obra a la que los tengo llamados” (Hech 13,2).
El anuncio viene de la experiencia transformadora, que siente necesidad de contar y comunicar, sin poder callar la felicidad de que rebosa. Así corre y proclama la mujer samaritana (Jn 4,28-30); Andrés cuenta a su hermano Pedro que ha encontrado al Mesías (Jn 1,42); María de Magdala a los discípulos: “He visto al Señor y me ha dicho esto” (Jn 20,18). No se puede contener, no se puede callar: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hech 4,20). Testigo apasionado por Jesús, lo ama, lo ha experimentado, ha cambiado su vida y desea que sea conocido y amado, “Ay de mi si no predico el Evangelio” (1Cor 9,16). Comparte en conversación amistosa y encuentro leal, en respeto a los demás y a las propias convicciones. Anuncia situándose en el campo del otro.

El anuncio une, a la experiencia de la Buena Noticia recibida, la sinceridad y el intento de coherencia en la propia vida siguiendo a Jesús y tomando el Evangelio como camino, orientación y vida. Anuncia desde la comunidad lugar de fraternidad, vida y fe. Es permanente siembra, en caminos, piedras, maleza y tierra fértil (Mc 4,3-8). La semilla de la palabra crece por sí sola (Mc 4,26-29). La cosecha no está en nuestras manos (Jn 4,37-38). Quien anuncia en verdad, sigue aprendiendo, sigue siendo discípulo; ir y venir. El Espíritu armoniza discipulado y misión.

María lleva Jesús a Isabel, lo entrega por donde va y vive. Hasta hoy sigue siendo misionera entre los pueblos. Madre y maestra de la misión nos educa en comunicar por amor y sencillez, a Jesús; a entregarlo con fecundidad y amor maternal (Lc 1,39-44).

Propuesta Inicial Tercer Congreso Americano Misionero


Los Congresos Misioneros han marcado profundamente el caminar eclesial y misionero de la Iglesia en América, "hasta llegar a una progresiva, responsable y original apertura universal".

Los COMLAS fueron promovidos por inspiración y promoción de las Obras Misionales Pontificias (OMP) y organizados con la colaboración conjuntamente responsable de las Conferencias Episcopales, mediante la participación activa de las Iglesias particulares, de todos los organismos y fuerzas misioneras de los países Latinoamericanos y caribeños, y tuvieron origen en los Congresos Misioneros Nacionales de México.

Los COMLAS no fueron acontecimientos aislados en el caminar evangelizador de las Iglesias de América Latina. Ellos expresaron y celebraron la vida e iniciativas misioneras de nuestras iglesias y la "exigencia evangélica de la Misión hasta los confines de la tierra"

( DSD 125). Se ponen antes en la dimensión del carisma que de la institución. Sus pasos señalaron el camino misionero de América Latina, "Continente de la Esperanza Misionera" (Juan Pablo II). "Los Congresos Misioneros Latinoamericanos (COMLAs) son un incentivo para una toma de conciencia de la exigencia evangélica de la Misión hasta los confines de la tierra" ( DSD 125).

" La Misión, nacida del amor salvador del Padre, Hijo y Espirito Santo es la esencia misma de la Iglesia, la renueva constantemente, da nuevo vigor a su fe e identidad, le concede nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones " (cf. RMi 2).

http://www.cam3ecuador.org